
Me encontraba en la clase de historia. Divagando entre fechas y nombres; cuando el director nos presentó a un nuevo alumno. Po mi parte, observaba como el día se escapaba lentamente por la ventana.
El día era caluroso y soleado, el cielo era más azul que de costumbre y los árboles rejuvenecían a la luz del padre sol, los pájaros volaban y entonaban melodías que endulzaban mis oídos.
Voltee a ver al nuevo compañero y sus ojos se enlazaron con los míos. Su mirada era más dulce que la miel y sus cabellos sedosos, de piel blanca y estatura alta. Se presentó como Damián y provenía de un país del sur. Le observe tan detenidamente que se dio cuenta y una tímida sonrisa asomó en su rostro; mis mejillas estaban encendidas.
Cuando pasó enfrente a mi, para senterse a mi lado, éñ declinó un poco la cabeza en señal de saludoy le respondí con una sonrisa. La clase siguió, pero mi atención solo se fijaba en él, en cada movimiento que daba, en el ritmo de su respiración y en sus labios que quería poseer.
Clase tras clase el día pasó y mis amigas y yo nos dedicamos a comentar sobre el nuevo alumno. Damián se acercó lentamente a nuestro círculo de amigos, se volvió a presentar; yo más emocionada. le platiqué de mi impresión al conocerlo, él sólo sonrió. Transcurrieron las horas y de los amigos que éramos en un principio, solo quedabamos Damián y yo.
Se ofreció a llevarme a casa y muy gustosa acepté. Me contó sobre su familia. Esto se hizo una costumbre, así pasaron los días, semanas y meses, nos convertimos en los mejores amigos. En la escuela eramos los "novios," pero Damián solo me miraba como una amiga y yo solo deseaba un roce de sus labios.
Un día, mientras paseábamos por un parque; los árboles mudaban de ropa y la floresta se incendiaba con el atardecer. Tome su gorra y comencé a correr. Tropecé con una piedra; él corrió a mi lado y lentamente me ayudó a levantarme, pero mis piernas se enlazaron con las suyas y caímos en la sábana verde del parquecillo. Mis labios, sus labios, a centimentros de tocarse, él se acercó un poco, yo lo imité. Mi corazón latía tan fuerte que casí se salía de mi pecho; mi respiración se agitaba a cada instante y mi rostro se sonrojaba. Sus labios casi tocaban los míos y en eso...
Un estruendazo sonar de campana me regresó al mundo de las fechas por memorizar, esfumándose mo fantasía juvenil.
El día era caluroso y soleado, el cielo era más azul que de costumbre y los árboles rejuvenecían a la luz del padre sol, los pájaros volaban y entonaban melodías que endulzaban mis oídos.
Voltee a ver al nuevo compañero y sus ojos se enlazaron con los míos. Su mirada era más dulce que la miel y sus cabellos sedosos, de piel blanca y estatura alta. Se presentó como Damián y provenía de un país del sur. Le observe tan detenidamente que se dio cuenta y una tímida sonrisa asomó en su rostro; mis mejillas estaban encendidas.
Cuando pasó enfrente a mi, para senterse a mi lado, éñ declinó un poco la cabeza en señal de saludoy le respondí con una sonrisa. La clase siguió, pero mi atención solo se fijaba en él, en cada movimiento que daba, en el ritmo de su respiración y en sus labios que quería poseer.
Clase tras clase el día pasó y mis amigas y yo nos dedicamos a comentar sobre el nuevo alumno. Damián se acercó lentamente a nuestro círculo de amigos, se volvió a presentar; yo más emocionada. le platiqué de mi impresión al conocerlo, él sólo sonrió. Transcurrieron las horas y de los amigos que éramos en un principio, solo quedabamos Damián y yo.
Se ofreció a llevarme a casa y muy gustosa acepté. Me contó sobre su familia. Esto se hizo una costumbre, así pasaron los días, semanas y meses, nos convertimos en los mejores amigos. En la escuela eramos los "novios," pero Damián solo me miraba como una amiga y yo solo deseaba un roce de sus labios.
Un día, mientras paseábamos por un parque; los árboles mudaban de ropa y la floresta se incendiaba con el atardecer. Tome su gorra y comencé a correr. Tropecé con una piedra; él corrió a mi lado y lentamente me ayudó a levantarme, pero mis piernas se enlazaron con las suyas y caímos en la sábana verde del parquecillo. Mis labios, sus labios, a centimentros de tocarse, él se acercó un poco, yo lo imité. Mi corazón latía tan fuerte que casí se salía de mi pecho; mi respiración se agitaba a cada instante y mi rostro se sonrojaba. Sus labios casi tocaban los míos y en eso...
Un estruendazo sonar de campana me regresó al mundo de las fechas por memorizar, esfumándose mo fantasía juvenil.

interesante entrar en tu mundo magico donde la imaginacion juega el rol mas importante, un gusto conocer tu arbol de sue;os cuentacuentos, y un placer compartir de pupilas rojas una gran velada
ResponderEliminardesde mis monta;as en ilusion
lord alex